► Día de Todos los Santos y Día de los fieles difuntos en Bolivia PDF Imprimir E-mail
Jueves, 03 de Noviembre de 2016 14:37

03 de noviembre

Celebrándose entre el 1 y 2 de noviembre, en Bolivia desde la época de la Colonia se llega a fusionar con otras festividades indígenas, como parte del proceso de cristianización de la iglesia, en su intento de erradicar las costumbres locales. Es un día especial, dedicado a compartir con las almas de los familiares que fallecieron. 

“En esta fecha las culturas andinas celebran el fin del ciclo seco y el principio del ciclo húmedo, la despedida de los difuntos junto con el invierno y la esterilidad del suelo en una fiesta denominada "Mast'aku" (mesa con ofrenda en idioma quechua), por tener como característica el armado de mesas rituales (mast'a)”.

La festividad comienza el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos, donde las familias que han tenido un deceso en el último año, arman una mesa sobre un mantel negro si es para un difunto adulto o mantel blanco si es niño, con variedades de panes, frutas, cañas de azúcar, dulces, platos de comida que le gustaban al difunto, refrescos, agua, cerveza, chicha, además no deben faltar las flores, las velas y tallos de cebollas llamados tocoro, coca y cigarrillos.

Días antes de Todos los Santos, los hornos panaderos se llenan   de gente que elabora panes de distinto tipo. Para la ocasión se elaboran las llamadas Tanta wawas (niños de pan en idioma aymara), que representa al ser que partió al otro mundo, la escalera para que las almas bajen y vuelvan del cielo o más allá montados en caballos. También se elaboran panes en forma de cruz, y masitas de quinua con figuras de animales como la llama.

 

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Una vez armadas las mesas comienza un día de velorio, según la tradición, a las doce del mediodía llega el alma del ser querido. Durante el resto de la jornada se hacen oraciones por la salvación de las almas. En las comunidades del área rural existe una particularidad, las personas que realizan las oraciones por la noche del 1 de noviembre, se pintan la cara con ceniza y se colocan ropa vieja y van rezando de casa en casa, recibiendo por cada oración pan, comida o frutas como pago, pero a aquellas que no tuvieran una mesa armada, les empiezan a realizar bromas, llevándose cosas de los patios de las casas como sillas, ollas u otros objetos que encuentren, dejándolos muy lejos del lugar. En algunas ocasiones se llevan los animales para dejarlos sueltos en la noche en medio del campo, de esa manera pasan toda la noche, rezando de casa en casa, hasta el día siguiente.

 

Por la mañana del 2 de noviembre, las mesas que se armaron en casa, pasan a ser trasladados a los cementerios, y ahí se las arma de nuevo sobre el nicho del difunto, además se lleva comida preparada y bebidas. Los familiares del difunto hacen rezar a los niños pobres que visitan ese día el cementerio o también rezan personas adultas mayores. Cada oración se retribuye con pan, y otras cosas colocadas en la mesa.

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Al medio día comienza la despedida de las almas, la familia y los acompañantes rezan por el almuerzo, y por la tarde proceden a rezar por las cosas que están en la mesa, la cual se reparte entre todos los asistentes, No debe quedar ni sobrar nada, pues si sucediera, según la cultura andina, las penas se quedarían en la familia. En las comunidades rurales y en los cementerios de zonas periurbanas, la despedida se hace al ritmo de música autóctona, según los gustos del difunto, como ser moseñadas, pinquilladas, y no faltan las bandas de música que al son de bombos y trompetas tocan morenadas, huayños y otros ritmos, pidiéndoles a las almas que vuelvan el año siguiente para nuevamente encontrarse.


Gonzalo Nina - Equipo Médicos del Mundo

Última actualización el Miércoles, 01 de Febrero de 2017 14:24